(Publicado en el Diario Sur de Málaga, el 20 de Abril de 2010 ).
Una parejita joven con planes de futuro o una pareja no tan joven con planes de jubilación ha podido firmar un contrato de compraventa con Aifos. Y es probable que tres, cuatro o cinco años después, la pareja no haya recibido aún la vivienda prometida, ni tampoco le haya sido devuelto el dinero que abonó. Quizá dicha vivienda no está terminada, no se ha comenzado a construir o no existe desde el punto de vista legal; es posible que la licencia de obras esté suspendida o impugnada en los Juzgados, o puede que la promoción sea un complejo hotelero inacabado en lugar de un edificio de viviendas comunes, corrientes y concluidas. Seguramente, Aifos no prestó las garantías exigidas por el ordenamiento jurídico, para asegurar la devolución de las cantidades pagadas por los adquirentes en el caso de que la repetida vivienda no se llegara a terminar y entregar legalmente.
La breve hipótesis aquí expuesta es la penosa realidad a la que se enfrentan miles de compradores de Aifos, inmersos en el gigantesco concurso de acreedores de esta promotora. Agotados y desilusionados, sin casa y sin dinero, esperan que la Justicia les socorra y les ayude a enfrentar y solucionar una situación lamentable que, en muchos supuestos, les ha llevado a paralizar sus vidas, sacrificar sus sueños y endeudarse indefinidamente para poder adquirir otra vivienda, ante la actitud de la promotora.
La Justicia, hermana pequeña en la «gran familia», es siempre la última en entrar al baño. Con paciencia y resignación, alberga aún la esperanza de que se apliquen los medios materiales y personales suficientes para cerrar el grifo que más cuesta cerrar, el de la bañera. A veces, ese grifo continúa abierto durante horas y el suelo se llena de agua, pocos se alarman por ello. Y en ese momento la espera concluye: el comprador y la Justicia se ahogan sin remedio.
Controlar el agua no es sencillo, tampoco es fácil revisar miles de contratos de compraventa, fechas previstas de entrega, estado y circunstancias concretas de licencias de obras y licencias de primera ocupación de decenas de promociones inmobiliarias, determinar dónde fueron a parar los millones de euros abonados por los compradores y qué sucedió con el IVA que éstos pagaron a Aifos (especialmente, con el IVA exigido de forma anticipada e improcedente por la promotora, que les obligaba a hacer efectivo el importe correspondiente al IVA de una hipoteca en la que aún no se habían subrogado).
Es cierto, no es una tarea fácil pero nadie dijo que lo fuera. No recuerdo que ningún profesor, catedrático, notario, fiscal, juez, abogado, inspector de hacienda, político, funcionario o cualquier otro, de los que recibí charlas o lecciones en la facultad, se me acercara por entonces y me dijera: «Patricia, no tengas cuidado y deja descansar la responsabilidad y la preocupación, el día que ejerzas de abogada todo será extremadamente lógico y sencillo. Así, cuando tengas razón, se te dará, cuando tu cliente haya sido estafado y engañado, será auxiliado y respaldado por todos nosotros y se le compensará debidamente a la mayor brevedad. Además, te prometo que todos colaboraremos de forma muy activa para que las irregularidades e ilegalidades sean identificadas, evitadas, perseguidas y despreciadas con empatía, dedicación y ahínco». Confieso que hace ya bastantes años que dejé la facultad, pero mi memoria siempre ha sido excelente y no me consta que nadie me dijera a mí o alguno de mis compañeros algo semejante.
Es un hecho que hacer Justicia requiere tiempo y esfuerzo, y en numerosas ocasiones, sufrimiento. Todos los que participamos en su consecución, sabemos bien el tiempo y el esfuerzo que nos reclama; y los compradores, que además han perdido el dinero y, a menudo, la salud, conocen perfectamente cómo se sufre en estas condiciones. Pero nosotros estamos aquí exactamente para esto, ese es precisamente nuestro trabajo, esa debería ser nuestra vocación -sin vocación, triste e insoportable sería nuestra labor-; con un tanto de sentido común y otro tanto de ayuda mutua, la empresa no resultará más pesada de lo razonable, no rozará la heroicidad ni será aparente e inútil.
Por todo ello, algunos aún nos preguntamos: ¿dónde están las cantidades pagadas por los compradores?, ¿son legales todas las promociones y sus licencias?, ¿qué parte del dinero que Aifos mantiene en los bancos está depositada en cuentas especiales?, ¿qué ha pasado con el IVA abonado por los adquirentes?, ¿se considerarán los cientos de litigios contenciosos y penales en trámite, para determinar resoluciones de contratos, devoluciones e indemnizaciones a favor de los compradores?, ¿conseguiremos una respuesta adecuada y exacta para todas estas preguntas o el agua seguirá su camino y acabará cayendo por el balcón?. Es de Justicia que todos nos levantemos las mangas de la camisa, recojamos el agua con cubos y, si es preciso, nos mojemos, todos.
Wednesday, 21 April 2010
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