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El "no" de los bancos.

Tengo encima de la mesa del despacho una docena de expedientes contra bancos, bien por cláusula suelo, bien por gastos de formalización de la hipoteca, bien por ambas causas. Presentadas algunas reclamaciones extrajudiciales por la segunda causa (gastos), he recibido ya varias respuestas y debo decir que me parecerían un tanto cómicas si no estuviéramos hablando de algo tan serio como el dinero de mis representados y las consideraciones que se les hace en estas respuestas no resultaran, a veces, una clara y evidente falta de respeto a la inteligencia del cliente. 

Por lo visto, según dicen negro sobre blanco, las sentencias de nuestro Tribunal Supremo, su jurisprudencia y jurisprudencia menor (de las Audiencias Provinciales de España) sólo afectan e interesan a la entidad bancaria condenada, de modo que, pongamos por caso, si la Caixa ha sido condenada por ser abusiva su cláusula de gastos, Unicaja, por ejemplo, puede estar tranquila utilizando su propia cláusula abusiva, obligando a sus clientes a pagar notaría, registro, impuesto y gestoría. Y tan felices.

Fuente foto: pixabay.com
Según dicen, aún más tranquila puede estar Unicaja y cualquier otra entidad bancaria, si informó al cliente antes de la firma de la hipoteca, sobre los gastos a los que tendría que hacer frente. Y, desde luego, si además lo hizo de forma clara y comprensible, no cabe reproche alguno al banco que, por supuesto, recibió la libérrima aceptación del particular, que con plena consciencia consintió pagar todo lo pagable -siguen diciendo. 

Por otro lado, el impuesto de actos jurídicos documentados, afirman, es carga del prestatario, el cliente, ya que él es el deudor hipotecario, que lo ha declarado así el Tribunal Supremo, al menos, su Sala Tercera (ojo, aquí sí les interesa lo que dice el Tribunal Supremo). La notaría y el registro debe abonarlos el que solicita el servicio que, por lo visto, es el cliente, que también es quién pide a la gestoría "que le lleve los papeles". 

Desde siempre me pasa, me consta que también le ocurre a otros compañeros, siento la duda -fundada y comprensible- de si existen las llamadas "asesorías jurídicas" de las entidades bancarias: nunca he podido hablar, ni en persona ni por teléfono, con ninguno de los letrados que las conforman, y puedo asegurar que lo he intentando, sin éxito. Aunque pidas hablar con ellos, por ser compañero, por la obligación que tenemos de comunicarnos en aras al bien y al interés de nuestros respectivos representados, jamás en diecisiete años lo he conseguido, y por lo que sé, pocos han sido los afortunados. Cierto es que, ahora, en juicio, comparecen letrados de la entidad, seres que -no tengo claro- deben estar más o menos relacionados o conectados con esta especie de raza, de caminantes blancos, a los que todos temen pero nadie o pocos han visto alguna vez. 

Esta especial naturaleza, comunicada y transferida, sin duda, de los propios bancos a sus asesores internos, debe ser la que les concede la mágica propiedad de encontrarse por encima del bien y del mal y de la jurisprudencia de nuestros tribunales, tanto los españoles como los europeos, bajo cuyas decisiones nos encontramos todos, cada hijo de vecino sin excepción. Dicha naturaleza, igualmente, será la misma que les permite imponer cláusulas abusivas -a ellos sí, por lo visto-, sin importar que, las cláusulas abusivas, por muy bien explicadas que hayan podido ser, no sanan por ello, siguen siendo abusivas, lo dice claro nuestra Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, y además, en este asunto, ésa no es la cuestión.

Por otro lado, aunque se niegan a reconocer la autoridad y virtualidad de las sentencias ajenas, sí que les atienden a la Sala 3ª del Tribunal Supremo, ignorando deliberadamente la Sala 1ª, la misma que determina que es el banco el que debe abonar el impuesto de actos jurídicos documentados, pues es el banco el que resulta favorecido y privilegiado con la formalización del préstamo en escritura pública -lo que motiva el pago del impuesto-, convirtiéndolo así en un préstamo especialmente garantizado, con todos los beneficios que ello implica para la entidad. Y otro tanto ocurre con el registro y con la notaría -sí, la notaría, ésa en la que siempre firma el promotor y/o la entidad, la que te imponen, ignorando la legislación vigente-.

Y para finalizar, no por menos importante sino, si cabe, por más lamentable imposición, la gestoría o esa oficina que tramita tus escrituras, de la que no sabes nada, que no has elegido tú, que, a menudo, es una sociedad vinculada o integrada a la entidad bancaria, que no te entrega copia alguna del préstamo hipotecario, cuya autorizada entrega al banco y que, para rematar, muchas veces, te cobra el doble de lo normal por sus servicios o dos veces por llevar debajo del brazo, a la vez, el mismo día, tus dos escrituras, la de compra y la de hipoteca... 

La próxima vez que en el banco se nieguen a darte las facturas de los gastos de firma de tu hipoteca o te repitan que los datos sobre tu préstamo te los debe dar el promotor que te vendió la vivienda o aseguren que tú y sólo tú has de hacer frente a los costes de esa firma, primero, sonríe a quien corresponda y, luego, ven a vernos, te ayudaremos. 

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